Deseándote mucho

Desde la primera vez que te vi, me quedé loca pensando en cómo sería follar contigo, sentir tus manos y tu lengua sobre mi pequeño cuerpecito.


Nos cruzamos una mañana mientras salías de mi edificio, allí fue cuando te vi por primera vez.


Te miré y vos hiciste lo mismo. Fue un intercambio mutuo de pensamientos oscuros, nos deseamos y nos comimos con la mirada. Fue un momento realmente excitante y muy caliente.


Me hablaste, y yo no supe que contestar, me quedé colgada de tus faroles azules.


Me volviste a repetir un “Hola” y ahí fue donde reaccioné y te contesté con un “¿Qué tal?”. No supe decir nada más.


Al día siguiente bajé temprano para ir a trabajar y estaba el portero del edificio, pregunté por ti y me dijo que eras un electricista, y muy bueno por cierto. Así en mi mente rompí todo lo que pude… jajajjaja… cosa que tuvieras que venir a mi casa a repararlo todo, incluida yo.


Estuve noches enteras pensando en ti, creándome noches inolvidables de sexo, deseándote mucho. Mirándome fijamente con esos ojazos mientras me chupabas los dos pezones, esas caricias suaves como plumas por mi barriguita.


Y en cómo saborearías mi coñito jugoso, una y otra vez, hasta perderme en mis orgasmos. En que cuando estuviera húmeda introducirías esos dedos dentro de mí para luego follarme lentamente, poco a poco, hasta el fondo. Preparándome para un glorioso final, en el que ambos acabamos al unísono.


Deseándote mucho todas las noches, hasta que vuelva a verte.


Noelia Linbood.


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