Mi Adonis ojos miel

"Cama, aire acondicionado y serie, ¿qué más se le puede pedir a la vida?" me preguntaste.

"Una cita con vos" te respondí. Y así fue como acordamos vernos el sábado.

Parecíamos dos niños de 15 años, las emociones, las vergüenzas, nuestros diálogos.

Estuve semanas pensando en volverte a ver, mi Adonis de ojos miel.


Llegaste puntual, y sin darme mucho tiempo a reaccionar me corriste el barbijo y me besaste. Cómo si todas estas semanas te pesaran también a vos, cómo si mi boca fuera un oasis en el desierto.


"Ahora sí" me dijiste cuando te separaste. "¿Cómo estás?" me preguntaste, y los dos largamos la carcajada.


"Ahora bárbaro" te respondí. "Seguro que querés que salgamos?" te pregunté.

Me miraste asombrado y me agarraste de la mano guiándome hacia afuera.

El contacto me sobresaltó. Sé que después de ese beso de fuego resulta raro que el contacto de las manos me sobresalte, pero hay tanta intimidad en ese gesto. Permanecer agarrados de la mano, caminar juntos por la calle.


Con el pulgar me hacías mimos, recorrías mi mano dejando una estela de calor. Mi piel hervía y vos lo sentías.

El calor iba subiendo desde los dedos, por la mano, el brazo, llegando rápidamente a mi parte más baja. Y vos seguías, mimando mi mano únicamente con el pulgar.


"Hace calor ¿no?" Te digo, soltando tu mano para hacerme un nudo con el pelo.

Me mirás y te sonreís. Sé lo que me vas a decir pero prefiero distraerte. Te paso la mano por la espalda agarrándote por la cintura y te atraigo a mi. Te miro severamente. "No lo digas".

Me bajas el barbijo de nuevo y otro beso. Esta vez la sedienta soy yo.


Media cuadra y 20 minutos de besos después, logramos avanzar. Llegamos al teatro, decidimos ver Stand up, no tenemos muchas ganas de pensar en nada importante, ni intenso. Queremos solamente pasarla bien y continuar riendo.


No me soltás la mano. De a ratos me acariciás vos con el pulgar, de a ratos lo hago yo. Como el mar que va y viene, el equilibrio perfecto entre el dar y el recibir.


Entre risa y risa aprovecho para mirarte. La complicidad de la carcajada me da la excusa perfecta para perderme en tus ojos y disfrutar de tu sonido de felicidad.


Agarrás mi mano y la besas. Me sorprende. ¿Estarás pensando lo mismo que yo? Quiero que sigas. Más besos, muchos. En mi mano, brazo, cuello. La gente se ríe y me río también. No escuché el chiste pero no quiero quedar mal. Me mirás incrédulo, vos tampoco lo escuchaste.

Me sonreís y te sonrío. Tus ojos me miran y veo como se comienzan a dilatar. Me doy cuenta que a mí me pasa lo mismo. Tu mirada baja y me miras el escote, sin darte cuenta, con tu lengua te humedeces los labios. Descruzo las piernas, y levantas la mirada. "Ahora sí tengo calor" me decís. Casi me olvido que estamos en el bar y me acerco, me tiro para adelante en la silla y quedamos vos, con tu vista directa a mi escote y yo, con tú oreja a la distancia exacta para que mi lengua te hable dulzuras.

La gente a nuestro alrededor se ríe. Yo ya me olvidé a dónde y a qué fuimos.

Por suerte está oscuro y la gente no nos ve. La gente estalla de risa y vos aprovechás el sonido ambiente para largar un sonido grave, gutural e intenso. Me detengo y los dos nos reímos. Ahora sí, volvimos a combinar con el entorno. ¿Cuánto más faltará para que termine el show? Quiero meter mi mano por tu pantalón "¿será demasiado?" pienso. No lo digo pero mi mirada me delata. "No no, por favor" me decís riendo.


No estoy muy segura cómo llegamos a casa , si corrimos o caminamos, lo que sí estoy segura es que no paré un solo segundo de pensar en tus manos y tu boca sobre mi piel.


El ascensor tardó una eternidad. Son solo 3 pisos, pero hoy se sintieron cómo 300. No llegamos a prender la luz y perdimos toda la ropa en un instante. Nos abrazamos. Y en ese momento sentí que empezamos de nuevo. Nuestros cuerpos pegados y desnudos. Ya no había urgencia. Ya estábamos, juntos. Ahora había solo nosotros, tranquilos, pegados, mimándonos. Tu mano recorriendo suavemente mi espalda. Me separo, te miro en la penumbra y te beso, suave.


La urgencia desaparece cuando estamos juntos, abrazados. Solo queda el amor, el reconocimiento del cuerpo del otro. Vamos al sillón, nos recostamos. Los mimos se extienden a todo el cuerpo. Me gusta sentir tu mano sobre mi piel. Tu dulzura recorriendo mi cuerpo sin pausa pero sin prisa. Me besas, y ese beso, que nace de la ternura rápidamente se descontrola. Tus manos se intensifican, y buscando un respiro gimo. Aunque ya estamos los dos solos, en casa, quiero que sepas que es para vos, así que me acerco a tu oído y suspiro. Quiero que me escuches, quiero que sientas mi calor.

Tus manos me recorren todo el cuerpo y cada centímetro. Y aunque yo quiero recorrer tu cuerpo con las mías, me las agarras impidiéndome el camino. Esta vez querés ser solo vos. "Acepto". Te digo. Estoy acostada en el sillón, me levantás los brazos y arrodillado con una pierna a cada lado mío me atas las manos por arriba de mi cabeza. Tus partes quedan a la altura de mi boca. Está muy tentador como para no intentarlo. Te bajas más para provocarme y apenas lo estoy por alcanzar, cómo la sortija en la vuelta de la calesita, me lo alejas diciendo "todavía no amor".

Amor, me dijiste. Amor.

Y me distraje de nuevo cuando te acercaste para besarme. Y esta vez de nuevo empezaste lento. Quise bajar los brazos para agarrarte la cara y decirte "amor" también, pero te sonreíste pícaramente cuando no pude hacerlo.

Tus manos me recorren, tu boca tu lengua, es una tormenta, cada centímetro de mi cuerpo está disfrutando de vos, con vos y por vos.


Y de pronto todo se detiene. Abro los ojos y te veo, mirándome. Te suplico "no", pienso, "no te frenes por favor". Y te gusta verme así, disfrutandote. Y entonces empezás de nuevo, despacito. Querés cubrir cada milímetro de mi cuerpo con vos, con tus manos, con tus besos. Bajas de la boca al cuello, al pecho, te quedas por la línea media dando besos, yo ya estoy a mil, no me aguanto más.

"Amor, por favor" te digo

"Que querés, pedime"

"Amor, entrá"

Y sin mucho más preámbulo, terminé de decir la palabra y ya estabas adentro. Y mi cuerpo reaccionó a tu entrada y a tu calor, de una forma tan bella. Mi pecho, deseante, se acercó a tu boca y le rogó que lo beses, busques, muerdas, mientras me penetrabas incansablemente yo me agarraba del sillón, sin poderte agarrar a vos era difícil. Necesitaba tocarte, mostrarte como me sentía. "Hoy no amor, hoy es todo para vos" me dijiste.

Y te amé, y me agarre del sillón, y te pedí tus manos y me agarre de vos, mientras vos seguías y yo me retorcía de placer. Y me besabas y me abría para vos y te gemía y disfrutábamos los dos de mi sexo y mi placer.

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