Una obra monocromo II

Y finalmente llegó el día. Hace seis meses me habías convertido en tu obra chocolatada, hoy es mi momento de convertirme en artista. Tu cuerpo, mi canvas.


Me compré una boina y me puse un pañuelo seda en el cuello con el nudo para el costado, nada más. Sin ninguna otra tela cubriéndome, soy una artista parisina, nudista, pero parisina. Y vos, así como dice Arjona, con la piel ajustada a tu cintura.


Me siento en la silla frente a vos. Para acercarme, y como si fuera lo más normal del mundo, abro las piernas y las ubico a tus costados. Vos querés mantener la compostura, pero veo que tus ojos bajan de reojo intentando un disimulo imposible. Tu cara aumenta en un tono de color rojo. Cuando rozo con mis piernas las tuyas… sube un tono más.


Sos tímido, y disfruto enormemente cada una de estas cosas que hago para provocarte. Me encanta el rubor en tus mejillas, cómo bajas rápidamente la mirada y en un intento de caradurez la levantas con ojos desorbitados y sonrisa suplicante.


Es mi momento, sumerjo el pincel el chocolate, te miro a los ojos, te sonrío, y llevo el pincel hacia tu pecho. Lo paso, paseo por tu cuerpo, subo, bajo, y dibujo círculos sobre tu piel.


Cargo el pincel nuevamente, esta vez es chocolate blanco. Recorro tus costados. Siento como toda tu piel se tensa y levantas la cabeza. ¿Estarás rezándole a Dios agradeciendo este momento?


Me agacho un poco para bajar a tus piernas, y haciéndome la distraída, rozo con mis pechos tu pene. Vos crees que no me di cuenta porque levanto la mirada con un “ups” en los ojos, pero soy una excelente actriz, deberías saber que lo hice a propósito.


Saco la silla y me arrodillo. Estoy bajando por tu cuerpo y ya la silla no me sirve. Además, ahora estoy en una altura mucho más interesante con un paisaje atractivo justo a mi altura.


Me gusta que sientas mi respiración caliente cerca tuyo. No te toco ni con las manos ni con la boca, pero me relamo los labios y pareciera como si tu cuerpo me buscara. Igualmente yo me hago la desentendida concentrándome en el pincel. Solo sentís el pincel y mi respiración. Hoy no prendemos música, estamos los dos un silencio tan absoluto, que se interrumpe únicamente por los sonidos guturales del deseo.


Me mirás desde arriba, y yo te miro, buscando una señal de confirmación “¿Te gusto así, abajo, concentrada en tu cuerpo?” te pienso. Y tomo tu sonrisa como una aprobación y entonces sigo.


Pero esta vez, la pincelada es a lo largo de todo tu pene, suave y lenta, desde la raíz hasta la punta, muy lento. Y te miro y justo cerrás los ojos y siento tu placer que se hace mío.


Puse mucho chocolate y está chorreando, así que lamo la punta pero me tiento y me la meto toda en la boca.


Desorbitado abrís los ojos. No te lo esperabas. Y mi risa pícara rompe el silencio.


“Uy, tengo que empezar de nuevo porque me lo lamí todo” pienso con falsa preocupación. Ya usé todo el chocolate que tenía derretido cerca por lo que me doy vuelta para buscar más. Gateo en busca de otra compotera. Sé que te gusta mirarme desde atrás, y entonces te dejo así, parado, recién lamido y deseante, para que admires mi trasero.


Vuelvo y ahí notás que me queda chocolate de mi reciente travesura en la comisura de los labios. Y lo mirás fijo, imaginándote que en vez de chocolates son los restos de tu amor sobre mi cuerpo.


Te veo, mirándolo, pero sin saber qué estas pensando me doy cuenta que hay restos de chocolate y lo lamo para limpiarme. En ese momento percibo movimiento en tu cuerpo. Fue… llamativo.


Me acerco nuevamente a vos, con la compotera llena de chocolate derretido. Agarro el pincel y esta vez lo apoyo sobre la ingle, desde la cadera para abajo, y cuando llego a la entrepierna levanto el pincel, lo paso por entre las bolas, juego un poco con cada una y llego a tu pene desde adelante. Le doy a toda la extensión. Despacito.


Nuevamente le puse bastante chocolate, pero esta vez, estando yo arrodillada frente a vos, chorrea sobre mis pechos. Y veo que te gusta. Y a mí también.


Miramos hipnotizados como una gota de chocolate se desliza por mi pecho y llega a la punta del pezón. Se tensa. Me paro y te digo “lamé”. Es la primera palabra que nos decimos en todo este silencio. Retumba en el ambiente, o por mi cuerpo y el tuyo, no estoy segura. Encantado lo hacés, y predisponiéndote a seguir por más te corto. Era solo eso, debo seguir con mi obra.


Te quedás con las ganas y yo también. Nos digo, en silencio, falta poco.


Combino los dos tipos de chocolate y estás hermoso. Sos un bombón.


Me paro, te miro y te beso. Primero despacio y suave. El beso va tomando intensidad y te abrazo. Sentimos como el chocolate nos une y nos resbala, y me meneo para que me sientas toda.


En todo tu cuerpo.


By desatadaysensual.

2 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo