Yo no quiero mirar

Estar privada del sentido de la vista es demasiado excitante para mí. No puedo verte, pero te siento. Cada caricia, cada beso, cada vez que tu lengua recorre mi cuerpo.

Mi piel se erizada cuando me tocas, no sé si es frío o calor, es una sensación única y muy exultante.

Has elegido mi chalina negra, la retiraste de mi cuello con un dulce beso y me cubriste los ojos. Mi respiración se torna fuerte y agitada.

Estoy completamente desnuda, atada y a tu merced. Tus suaves manos se deslizan por mi piel a la vez que inhalas mi olor a frambuesa, tus labios me besan suavemente. Todo mi cuerpo te pertenece en este momento.

No puedo verte, pero sé que son tus besos,

No puedo verte, pero sé que son tus labios,

No puedo verte, pero sé que es tu lengua la que me recorre.


Mis gemidos son solo tuyos. Estás llegando a ese lugar que tanto te gusta. Mis labios carnosos te están esperando, y mi clítoris también.


Ahogo un grito de éxtasis cuando posas tu lengua, y comienzo a jadear descaradamente, mi respiración es cada vez más rápida, sabes perfectamente donde tocarme, sabes que estoy a punto de correrme y en unos segundos la lujuria y el frenesí de mi orgasmo estalla en mil pedazos. Mis pulmones se quedan sin aire cuando alcanzo el clímax más largo que jamás haya podido tener.


No puedo verte, pero sé que te he bañado con mi esencia. Lames hasta la última gota de mi jugo, hasta que ya no queda nada por beber.


Estoy aturdida, mojada y sigo caliente; lo sabes muy bien. Subes por mi cuerpo, tus besos apasionados y cargados de promesas acarician mis pechos, los succionas hasta dejarlos duros como diamantes. Al llegar a mi cuello me susurras al oído palabras ardientes, palabras que vuelven a prenderme. Quiero más, te quiero a ti. Con mis gemidos te suplico.


Te desabrochas los pantalones, te bajas los calzoncillos y me penetras poco a poco, siento como me abres, vas directo al punto álgido de mi interior. Tus penetraciones son perfectas, son hechas para mi coño y en lo más profundo se gesta un segundo orgasmo, tan brutal como el primero.


Sabes lo que haces, me has quitado el sentido de la vista para poder sentirte grande, fuerte y en todo tu esplendor.


Entras y sales cuantas veces quieres, y soy toda tuya. Abriéndome para ti, gimiendo para ti.


Tu pene comienza a hincharse y sé que estás a punto, estás por correrte y deseo hacerlo contigo, te aprieto para que lo sepas, despertando así el instinto más primitivo y el animal que llevas dentro me lleva contigo una vez más al orgasmo, gritando a viva voz los dos nos corrernos.


Nuestros cuerpos quedan exhaustos, unidos en nuestro interior. Y perdiendo la conciencia pienso…

Ahora que sé lo que se siente… yo no quiero mirar…

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